El parque barrial de Luis Carlos Galán actualmente está atravesando por dinámicas de contaminación ambiental por la acumulación de residuos, desorden y abandono, donde debería ser concebido este espacio para el juego, la recreación y el encuentro comunitario de la comunidad.
En Bogotá, la implementación de contenedores de residuos ha sido una estrategia para mejorar el servicio de aseo y promover la separación en la fuente. Sin embargo, su funcionamiento depende directamente de la apropiación ciudadana. Cuando esta falla, los contenedores dejan de ser una solución y se convierten en focos de acumulación de residuos, malos olores y deterioro del entorno.
Diversos reportes institucionales evidencian que el uso inadecuado de estos contenedores —como la disposición de residuos en horarios no permitidos, la mezcla de desechos o el abandono de residuos voluminosos—, sumado a la necesidad de recicladores de acceder a materiales aprovechables, genera dispersión de basura y afecta las condiciones sanitarias y paisajísticas de la ciudad.
Esta problemática se hace más evidente en los parques barriales, espacios pequeños destinados principalmente a niños, niñas y adultos mayores, que deberían garantizar condiciones de bienestar. Sin embargo, terminan reflejando desigualdades en el acceso y la calidad del espacio público, debido a la acumulación de residuos en los contenedores, a la falta de cultura ambiental y problemáticas sociales. Esta situación transforma el paisaje en un escenario precario y evidencia una ruptura en la relación entre la comunidad, el territorio y la responsabilidad ambiental.
La acción propone una intervención simbólica que pone en evidencia que el deterioro del entorno no es solo un problema institucional, sino también el resultado de prácticas cotidianas de la vecindad. Al mismo tiempo, se quiere reconocer la presencia de recicladores y habitantes de calle como parte de una realidad social, evitando su estigmatización y proponiendo una lectura más amplia del territorio.
Reivindicar implica aquí recuperar el sentido del parque como espacio digno, resignificar los contenedores como herramientas de cuidado colectivo y activar una reflexión sobre la corresponsabilidad en la construcción del barrio. Es una invitación a cuestionar cómo los hábitos individuales conllevan a problemáticas sociales, y cómo pequeñas acciones pueden transformar la identidad de un barrio y valorar un espacio para el disfrute de los niños, niñas y jóvenes. |